¡Señor y Dios Nuestro! Los que humilde y fervorosamente veneramos tu imagen bendita y secular en la advocación de la Santísima Veracruz, queremos hoy meditar el profundo Misterio de ese Árbol Sacrosanto, faro de la humanidad zozobrante, al que voluntariamente te abrazaste para salvamos del pecado y damos ejemplo de vida.

Tu cuerpo exánime, Señor, nos llena el corazón de piedad al considerar tu excelso sacrificio por nosotros, que no lo merecemos.

Tus llagas, abiertas por el hierro de nuestra maldad, nos suscitan el horror del pecado y nos impelen a penetrar por ellas hasta tu Divino Corazón, fuente inagotable de Verdadero amor.

Sea tu Sangre Preciosa, derramada sobre esa Veracruz, bálsamo de las heridas de nuestras almas, alimento perenne de nuestra piedad y fortaleza de nuestra voluntad por el cumplimiento de tus mandatos de amor.

¡Cristo de la Veracruz! Tus brazos abiertos acojan a esta Hermandad tuya en más profundo de tu amantísimo Corazón, para que viva, en Tí y para Tí, en unión de verdaderos hermanos.

¡Bendícenos desde tu Cruz, a la que veneramos con todo nuestro fervor y humanidad!

Bendice a tu Santa Iglesia, a nuestro Santo Padre, el Papa; a nuestro Prelado; a nuestro Párroco.

Te rogamos, Señor, defiendas a nuestras familias y a todos cuantos con nosotros te veneran crucificado y muerto. Salva y bendice a nuestros amigos y enemigos y a todos los hombres.

Entregados a Tí, Cristo de la Veracruz durante todas las horas de nuestra vida temporal, haz que esperemos confiados el instante final de ella para gozarte en eterna bienaventuranza.

Así sea.

(Autor: Juan Collantes de Terán)

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