En el nombre de la Santísima Trinidad y de la eterna unidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo, tres Personas y un solo Dios verdadero que vive y reina por siempre sin fin.

El Hermano Mayor,  Oficiales, Diputados  y  hermanos todos de la Muy Antigua, Siempre Ilustre, Venerable, Pontificia, Real, Fervorosa, Humilde y Seráfica Hermandad y Archicofradía de Nazarenos de la Santísima Vera Cruz, Sangre de Ntro. Señor Jesucristo y Tristezas de María Santísima, erigida el día nueve de Mayo del año del Señor de mil cuatrocientos cuarenta y ocho  en el Convento Casa Grande de San Francisco de esta Noble y Mariana ciudad de Sevilla, deseando dar  testimonio de nuestra fe y creencias, como hijos que somos de la Santa Romana Iglesia, reunidos  ante el altar y haciendo solemne y pública protestación de nuestra fe, declaramos y juramos:

                Que creemos en  Dios,  Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.

                Que creemos en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios,  Padre todopoderoso, y desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

                Que creemos en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna.

                También declaramos y juramos que creemos en los demás misterios y sacramentos de la religión católica, y especialmente en la real presencia de Cristo Jesús en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, hasta dar la vida por ella si necesario fuere.

                Asimismo declaramos y juramos que creemos que la Santísima Virgen María, desde el primer instante de su Inmaculada Concepción, fue preservada del contagio del pecado original  y que, libre de la corrupción del sepulcro, por su gloriosa Asunción fue elevada por los ángeles en cuerpo y alma a los cielos, donde ejerce el oficio de Mediadora Universal de todas las gracias pues,  en el trance amargo de sus Tristezas al pie de la Santa y Vera Cruz, fue constituida  por Cristo Jesús  como Madre de todos los hombres.

                Esta es la fe que profesamos y en la que queremos vivir y morir. Por ello, juramos sobre los Santos Evangelios acatar y cumplir todo lo que ordenan nuestras Reglas y, como condición indispensable del ser cofrade,  creer, vivir y defender estas verdades de fe.

                Al mismo tiempo te pedimos, Madre Santísima de las Tristezas, Refugio de los Pecadores y Consuelo de los Afligidos, que nunca nos desampares, que nos alcances  de tu Divino Hijo todos los días la gracia de ser fieles a esta promesa que hoy hacemos y que, tras una vida plena de amor a Dios y a nuestros hermanos, como fervorosos cofrades de tu Hermandad, al final de nuestro paso por esta tierra  salgas a nuestro encuentro y logremos, por la Divina Misericordia, poder gozar para siempre, en tu dulce compañía,  de la gloria eterna.

                 Amén. 

Los hermanos, ante la presencia de la Junta de Oficiales -con varas y Estandarte- y del sacerdote celebrante de la misa, con la mano derecha sobre los Evangelios, hacen una leve inclinación de cabeza ante el Libro de Reglas y dicen:

“Así lo creo, prometo  y juro

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